Huracán eliminó a Boca en la Bombonera tras imponerse por penales en un partido donde el equipo local volvió a mostrar más problemas propios que virtudes de su rival.

La eliminación de Boca frente a Huracán dejó una sensación difícil de ignorar: el principal rival del equipo de Ubeda volvió a ser el propio Boca. Más allá de la clasificación del Globo, cuesta encontrar demasiados méritos ofensivos en el conjunto visitante. Los dos goles llegaron a partir de errores defensivos del local, una constante que volvió a condenar a un equipo incapaz de sostener la concentración en los momentos decisivos.

Durante gran parte del encuentro, Boca tuvo la iniciativa y buscó asumir el protagonismo. Sin embargo, volvió a encontrarse con los mismos problemas que lo acompañan desde hace varios meses. Le costó generar situaciones claras, le faltó peso en los metros finales y dependió demasiado de acciones aisladas para acercarse al arco rival.

La salida de Barreiro cerca de la media hora resumió bastante bien la actualidad de algunos futbolistas. El delantero que alguna vez supo jugar de espaldas, pelear con los centrales y hacer inteligente cada intervención parece cada vez más lejano. Su reemplazo tampoco modificó demasiado el desarrollo del partido.

Milton Giménez terminó convirtiendo, pero su actuación volvió a dejar interrogantes. El delantero encontró el gol en una jugada favorable, aunque durante el resto del encuentro sufrió para aguantar la pelota, asociarse con sus compañeros y ofrecer soluciones cuando Boca necesitaba jugar directo. En varios momentos el equipo buscó apoyarse en él y rara vez encontró respuestas.

Tampoco ayudó la falta de precisión en los metros finales. El gol anulado a Merentiel por posición adelantada fue otro ejemplo de una noche donde Boca no logró tomar buenas decisiones en ataque. Incluso en los minutos finales del alargue, con el equipo lanzado al ataque, hubo acciones que reflejaron la desesperación general. En una de las últimas jugadas, tras un centro de Aranda, Merentiel reclamó una mano en lugar de atacar un posible rebote dentro del área.

Entre las pocas noticias positivas apareció el rendimiento de Aranda. El defensor completó un partido muy serio, fue una opción constante por su sector y mantuvo la intensidad hasta el último minuto. También Braida volvió a destacarse. Su actuación terminó de consolidar una tendencia que ya venía insinuándose en partidos anteriores: hoy parece ser la mejor alternativa para ocupar el lateral derecho, especialmente después de volver a dejar expuestas las dificultades de Weigandt.

Paradójicamente, el empate de Boca llegó gracias a un error de Galíndez, que hasta ese momento había tenido una actuación prácticamente perfecta. Fue una de esas jugadas que cambian el desarrollo de un partido, aunque no alcanzó para modificar el desenlace.

Huracán avanzó de ronda, pero la historia de la noche volvió a girar alrededor de Boca. Un equipo que sigue acumulando errores propios, que pierde seguridad en momentos clave y que cada vez encuentra más dificultades para hacerse fuerte en una Bombonera que hace tiempo dejó de ser una garantía.

Por Admin

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