El Real Madrid derrotó 90-80 al San Pablo Burgos en un partido mucho más complicado de lo esperado y mantuvo su invicto en casa gracias a una mejora defensiva en el último cuarto.
Hay victorias que sirven para confirmar sensaciones y otras que simplemente sirven para recordar que una temporada es demasiado larga como para jugar siempre bien. La del Real Madrid ante el San Pablo Burgos pertenece al segundo grupo. El equipo de Sergio Scariolo sufrió más de la cuenta, llegó a verse por detrás en varios momentos del encuentro y necesitó un gran último cuarto para evitar una sorpresa en el Movistar Arena.
El contexto tampoco era sencillo. Después de una exigente doble jornada de Euroliga, el técnico madridista decidió dar descanso a varias piezas importantes, entre ellas Tavares. La rotación era necesaria, pero también dejaba incógnitas sobre cómo respondería el equipo ante un rival recién ascendido que llegaba sin complejos y con la intención de competir de igual a igual.
Y eso fue exactamente lo que ocurrió.
El Madrid comenzó mejor y llegó a tomar las primeras ventajas, pero el conjunto burgalés fue creciendo con el paso de los minutos. Liderado por Jhivvan Jackson, Samuels y Fischer, encontró soluciones tanto en transición como en el juego interior y logró marcharse al descanso por delante en el marcador. Más allá del resultado parcial, la sensación era que el Burgos estaba jugando el partido que quería.
El problema para el Madrid no estaba tanto en ataque como en defensa. Durante muchos tramos permitió demasiadas situaciones cómodas, llegó tarde a las ayudas y nunca terminó de controlar el ritmo del encuentro. Incluso cuando recuperó la ventaja en el tercer cuarto, el partido seguía abierto y daba la impresión de que cualquier error podía devolver la iniciativa a los visitantes.
Ahí apareció una de las grandes diferencias entre los equipos grandes y el resto. Cuando el encuentro entró en los minutos decisivos, el Madrid elevó su nivel defensivo. El último cuarto cambió completamente la dinámica del partido. Los blancos encadenaron varias defensas consecutivas, limitaron las segundas oportunidades del rival y transformaron un duelo igualado en una victoria relativamente cómoda. El parcial de 22-12 en los diez minutos finales terminó siendo definitivo.
En ataque, Mario Hezonja volvió a asumir responsabilidades y terminó como máximo anotador del equipo con 17 puntos. Garuba también aportó energía en ambos lados de la cancha, especialmente en una rotación interior que tuvo que adaptarse a la ausencia de Tavares y a una actuación discreta de Bruno Fernando.
El resultado permite al Real Madrid mantener su condición de invicto en casa e igualar el récord histórico de 33 victorias consecutivas como local en la Liga Endesa. Sin embargo, más allá de la estadística, el partido deja una conclusión sencilla: cuando el Madrid juega a su mejor nivel defensivo, suele encontrar la manera de ganar. Incluso en los días en los que el baloncesto no fluye tanto como le gustaría.